“MINÚSCULAS”

El juego es una actividad consustancial al ser humano que le ha acompañado en su búsqueda permanente de sí mismo, de los otros y del contexto que le rodea desde el principio de los tiempos. Su desarrollo y sistematización ha permitido ir construyendo una forma de exploración y conocimiento del mundo alejada de dogmatismos e ideas preconcebidas. El juego -tanto para los niños como para los adultos- es sinónimo de libertad, de paraíso.

Minúsculas trata de acercarse, en la forma y en el fondo, a esa libertad de los juegos infantiles con la que todas las personas nos sentimos reflejados e identificados. Pocos anhelos unen tan estrechamente a los seres humanos como sus deseos de ser libres, o sus recuerdos de haberlo sido en algún momento de la infancia.

Cada una de las piezas que se desgranan en Minúsculas es un acercamiento a ese anhelo o a ese recuerdo de una libertad nunca totalmente arrebatada puesto que nos acompaña de manera íntima en el fondo de nosotros mismos. Colores, texturas… se desarrollan, generosamente, en torno al juego -en muchos casos el juego tradicional- para devolvernos un análisis de la realidad completamente limpio e inocente (en el sentido infantil de la palabra).

 

 

Existen muchos signos para predecir la pérdida de libertad en los seres humanos. Nuestra época actual está desarrollando, además, múltiples vías para producir en cadena esas señales moribundas a través de las cuales las personas dejamos de ser libres, o al menos, comenzamos a ceder parcelas fundamentales de nuestra capacidad espiritual, transcendente, natural y crítica. El consumismo feroz, la publicidad, la idolatría, el individualismo a ultranza… son herramientas muy eficaces que el capitalismo neoliberal del siglo XXI utiliza para anestesiar o aniquilar por completo nuestras ansias de libertad, nuestra capacidad de juego.

Minúsculas es un pequeño resquicio para la resistencia, un homenaje a los juegos infantiles que nos enseñaron, de manera generosa y humilde, los primeros saltos hacia la libertad.